Market Reports

AI to cut US office jobs; Mexico must measure impact

by Abigail Parker
Equipo trabajando en una oficina contemporánea con vista urbana en Ciudad de México.
Equipo trabajando en una oficina contemporánea con vista urbana en Ciudad de México.

La inteligencia artificial podría frenar el crecimiento del empleo de oficina en Estados Unidos, pero esa proyección no se traslada de forma automática a México. Para propietarios, arrendatarios e inversionistas, la pregunta útil es otra: qué edificios conservan demanda cuando las empresas producen más con equipos distintos.

Una proyección puramente estadounidense

Newmark prevé que el empleo en actividades que usan oficina en Estados Unidos crezca apenas 0.3% acumulado entre 2026 y 2030 en su escenario base. El análisis no anticipa un colapso. Plantea una recuperación desigual, con demanda concentrada en espacios de calidad, flexibles y preparados para colaborar.

El dato de Newmark describe el mercado laboral y de oficinas de Estados Unidos. No prueba que la misma trayectoria vaya a repetirse en Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara. Cada ciudad tiene una composición de inquilinos, niveles de vacancia, costos de traslado y oferta de edificios distinta. Si un inmueble en la capital mexicana logra ofrecer lo que una empresa local necesita, la tecnología no lo expulsará.

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Sin embargo, sí cambia la conversación para México. La inteligencia artificial puede modificar la contratación, el tamaño de los equipos y el uso de los espacios. Un inmueble no gana valor por llevar la etiqueta de “inteligente”. Lo gana si permite a su ocupante concentrar trabajo, reuniones y servicios en un entorno que usa de manera frecuente.

La realidad de la automatización

Un estudio de Stanford encontró una disminución relativa de 13% en el empleo de trabajadores de 22 a 25 años en ocupaciones estadounidenses con mayor exposición a la automatización por inteligencia artificial, desde la adopción amplia de estas herramientas. El resultado se concentra en trabajadores al inicio de su carrera; no demuestra un desplazamiento generalizado en toda la economía.

Esa distinción importa para las oficinas. Menos contratación de puestos de entrada puede reducir la necesidad de escritorios asignados, mientras que funciones de dirección, relación con clientes y trabajo especializado siguen necesitando espacios para reunirse. El efecto no es igual para todos los edificios ni para todos los inquilinos. En México, donde el mercado laboral sigue siendo más personal y muchas operaciones dependen de relaciones directas, la presión sobre los espacios de oficina podría ser diferente a la de los Estados Unidos.

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El filtro para un activo de oficinas

Antes de asumir que la tecnología elevará o reducirá la demanda, un propietario debe revisar cinco elementos: mezcla de inquilinos, vencimiento de contratos, uso real de los espacios, calidad de la conectividad y capacidad de adaptar plantas y servicios.

  • Una base de inquilinos diversa reduce la dependencia de un solo sector.
  • Las renovaciones muestran si el inmueble sigue resolviendo una necesidad concreta del ocupante.
  • Plantas flexibles, buena conectividad y salas de colaboración facilitan cambios de uso sin rehacer el edificio.
  • La operación, la seguridad y la calidad del servicio pesan más cuando un ocupante puede elegir menos metros cuadrados.
  • La comparación debe hacerse contra edificios competidores del mismo submercado, no contra un promedio nacional.

La polarización no está garantizada

Newmark considera que la inteligencia artificial puede reforzar la preferencia por oficinas de alta calidad. Es una hipótesis de mercado, no una regla automática. Un edificio bien ubicado puede perder una renovación si sus servicios no responden a lo que el inquilino necesita. Otro, fuera de los corredores más visibles, puede conservar demanda si resuelve precio, acceso y operación.

La señal que deben seguir los dueños de oficinas mexicanas no es una proyección de empleo en Estados Unidos. Son las decisiones que ya toman sus inquilinos: cuántos metros renuevan, cómo usan el espacio, qué servicios piden y qué inversión están dispuestos a sostener. La inteligencia artificial vuelve esa lectura más necesaria, no la sustituye.

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